Posteado por: vladimirmartinez | Abril 30, 2009

TODO A CIEN / Pork influenza: ahora nos tocó

Óscar Vladimir Martínez

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Madrugada del martes 28 de abril de 2009, siglo XXI.

Hace unos minutos, pasada la medianoche, una aeronave de gran envergadura sobrevoló la Ciudad de México. El rugido de sus grandes cilindros lo delató. Seguramente, por la hora y la trayectoria, despegó del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. ¿A dónde iba?, tal vez su destino era alguna localidad de Europa o Estados Unidos. Sus pasajeros, quizá en su mayoría extranjeros, con seguridad pensaron al asomarse por las ventanillas: “Vaya, nos libramos de esa epidemia. Que los mexicanos se queden con su enfermedad” (Oops, we are rid of this epidemic. That mexicans were left with their disease), habrían supuesto.

Interpretación y huida errónea. Por lo menos eso aseguramos los que aquí nos quedamos. De acuerdo con los encargados de velar por la salud de los mexicanos no habría de qué preocuparse, si de qué ocuparse. La de malas llegó. Hace algunos años, las noticias sobre una infección masiva del SARS o de gripe aviar en Asia parecían lejanas y ahora, a pesar de la globalización, nos tocó de este lado del planeta.

Un motivo virulento y hasta hace una semana desconocido en tierras mexicas, dicen, afectó a México hasta en un nivel 4 e incluso 5, según la escala de la Organización Mundial de la Salud. El gobierno federal asegura que tiene los suficientes tamaños para responder a dicha contingencia, que si los 1995 infectados no morirán, que si las 152 personas fallecidas son consecuencia de complicaciones en el desarrollo de este padecimiento o de algún otro. Lo cierto es que nadie conoce que pasará durante los próximos días. Pareciera que ni siquiera el propio gobierno mexicano y muchos menos los ciudadanos.

Pero quienes circulamos y caminamos en la Ciudad de México, quienes con tapabocas se presentan a sus trabajos diariamente a pesar de la contingencia, quienes deben vender sus mercancías para asegurar el sustento del día, no notaron el cambio más allá de observar que la mayoría de los ciudadanos tenían la cara cubierta con un pedazo de fieltro sujetado por un par de ligas.

Es decir, las medidas precautorias se siguen y se respetan, pero la vida debe seguir a pesar de las restricciones sanitarias. La ciudad no debe parar. No puede hacerlo en estos tiempos de crisis.

Los más temerosos abarrotan los supermecados, el miedo hace que gasten lo que no tienen, realizando las llamadas compras de pánico. No estamos en Kosovo, Irak o Somalia. Es México, el país que siempre da la bienvenida a todo el mundo. La alerta debiera ser eso, un aviso precautorio para informar a los ciudadanos capitalinos y a sus visitantes deben guardar las mayores medidas sanitarias posibles. No más allá. Por lo menos eso es lo que sabemos y ante lo que hay que prevenirnos.

La información es poder pero también motivo de mayores ventas; el escándalo puede generar grandes ganancias. La experiencia histórica así lo comprueba.

No será la primera ni la última epidemia que aqueje a estas tierras, Siempre hemos salido avante, esta no será la excepción.


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