Óscar Vladimir Martínez
Noche, media noche para ser exactos, temprano para mis nada deseables jornadas frente al teclado. Decidí dormir, dejar recuperarse al cuerpo, también tiene derecho, “pos si no sólo el cerebro trabaja”, me pudo haber dicho el organismo con razón.
Extrañamente ni la gata, ni el perro, ni las patrullas siempre vigilando, impidieron que compartiera la vida normal de los demás ciudadanos. Apenas cerré los ojos y caí noqueado. Tal vez era tanta la necesidad de dormir que ni en el sopor pude dejar de poner atención a mi irreal entorno. Y empecé a soñar.
Un pasillo inmenso, tanto que parecía un salón, seguramente de un lugar que en algún momento de mi vida había pisado, pero como los sueños no tienen pies ni cabeza, mucho menos cabeza, no debería ser un lugar identificable. A los lados del salón de piso pulido, pulcro y brillante, un par de series de sillas pegadas con el respaldo a la pared, con muestra clara de que esperaban ser ocupadas por alguien. Me fijé en lo que traía puesto: traje negro limpio y planchado, corbata negra y para hacer orgullo de mi estilo, camisa negra también, oportuno para un funeral.
Algo me decía que me detuviera a esperar a quienes ocuparían el sillerío. De repente, al final del inmenso pasillo se abrió un gran puerta de caoba de dos hojas, con un manija que comenzó a deslizarse hacia abajo, inminentemente se abriría y conocería a quienes, no sabía por qué razón o motivo, me encontraría. Sólo me quedaba esperar.
Se abrió una de las puertas, un zapato, luego dos, luego una persona y luego muchas, debieron ser no menos de cincuenta que tenían un pequeño papel pegado en la solapa, PAN, DIPUTADO, HOMESEXUAL, PERREDISTA, CIUDADANO, VECINO, TAXISTA, ACTIVISTA, OBRERO, FUNCIONARIO. ¿Y estos quienes son? Aunque evidentemente distinguí su estigma, no me quedaba claro por qué motivo estaban ahí. Particularmente me llamaron la atención los dos últimos: PRESIDENTE y TÚ. Órale, el presidente está conmigo, bueno, con él, bueno, con los dos.
Tomaron cada uno sus sillas, obviamente el mandatario en la punta acompañándome, acompañándolo, bueno, en fin, ahí. Todos, al mismo tiempo comenzaron a hablar, tantas voces que ninguna se distinguía, pero extrañamente todas escupiendo quejas. Nuevamente con las rarezas, distinguí que ninguno tenía rostro, sólo el presidente y yo.
Y el presidente era nada más y nada menos, que Ernesto Zedillo, nada raro si ustedes se enteran que tuve muchos contactos con él al cubrir la fuente presidencial hace casi diez años.
- Y, Vladimir, ¿que te haz hecho en todos estos años?-, cuestionó.
– Bueno, ya sabe, trabajando, haciendo periodismo, escribiendo y sufriendo este país como cualquier mexicano-, respondí, respondió, respondimos.
– ¿Sólo eso?, deberías estar dirigiendo algún medio-, espetó.
– Ya sabe como es esto de los medios, no los dirige el mejor, sino el más oportuno, pero dígame, ¿que anda haciendo?
– Pues no lo sé, es tu sueño. Pero en la realidad ando dirigiendo y asesorando empresas privadas, haciendo valer el nombre, ya sabes.
– Qué bien, pero ¿no debería estarse dedicando a ser ex presidente?
– No, es un trabajo muy molesto, todos te cuestionan, te manchan el coche de pintura o de orines, te demandan en los tribunales, te mientan la madre, te dicen “no te hagas pendejo, ¿y el error de diciembre?”; otros te adulan, te dicen que el tuyo fue el mejor sexenio, que los priistas vamos a regresar a Los Pinos. ¿No te parece mejor vivir en Nueva York, en la Gran Manzana?
– Pues viéndolo así, seguro que es mejor comer hot dogs en el Papaya King’s.
“Ya duérmete, Vlad, deja de decirme Zedillo”, dijo Carmen mientras me daba un codazo, en la realidad, obviamente. Pero como no era un sueño normal, pude recobrar la historia a la brevedad.
- Oiga, ¿y luego?, no me diga que no le presta atención a lo que pasa en México, cuestioné ya interesado en la plática.
- Sería iluso pensar que no me diera cuenta, pero no es el mismo México el mío que el actual: violencia, balazos, problemas. Ese no es el país que dejé-, respondió.
- ¿Cómo no?, es el mismo, nomás que más revuelto. Bueno, cierto, no es el mismo, pero en algo contribuyó su administración a que el país estuviera así, ¿o no?
- Sin duda, el peor error fue dejar a Fox, desde el 2000 he pensado que hubiera sido mejor dejar al Chaparro, a Lavestida, por lo menos un periodo más, que no llegara el de las botas. Te doy la razón, fue un error, pero ahora ya lo vemos de ese modo, en aquél entonces sólo vi eso de La democracia, de La alternancia, muy idílico, ¿no?
- Pero no lo vio venir, vamos, por lo menos contempló los escenarios posibles…
- Sí y no. Pensé que sólo estarían un sexenio y que después volveríamos los priistas, el partido aplanadora; que la población se daría cuenta de su inmenso error de votar por los panistas y que 100 millones de colas entre las patas dirían: “Regresen, los perdonamos”.
- Oiga, ¿eso era muy idealista?, bueno, idealista tricolor.
- Sí, y ese fue el error. Y hablando de errores, ¿por qué se quejan del error de diciembre?, la especulación del dólar, la crisis en el país, el dólar a 15 pesos, ¿ese no es el error de 2008?
- Bueno, sí, pero tienen el pretexto de las finanzas internacionales…
- Pendejadas, son tan malos como nosotros, nomás que encontraron un buen pretexto-, dijo ya sintiéndose aliviado.
- ¿Y que piensa hacer?
- ¿Yo?, nada, a mi ya no me toca, lo que no fue en tu año no es tu daño, yo cumplí, ¡a mi que me juzgue la historia, chingao! Quien llegue en 2012 tendrá que juntar el cochinero.
- Pues sí, pero mínimo una crítica, un libro de memorias, una sugerencia…
- ¿Para qué?, aunque propusiéramos un cambio todo sería un mero proselitismo, por lo menos así lo ven ellos.
- ¿Ellos?
- Sí, quienes prometieron el cambio, el “hoy, hoy, hoy”, ah, ¿ya no se acuerdan, verdad?
- Pues sí, lo que no causó daño en su año, ¿pos ya qué?
- Es lo que digo, ¿ya ves cómo se confirma eso de que todos llevamos sangre tricolor en las venas?, sí, es una máxima. Y como no hay nada más que hacer, pues ya me voy. Te quedas a lidiar con estos, con el obrero, con el campesino, los de las otras sillas.
De repente, llegó la respuesta de qué hacían los otros personajes en aquél recinto. Antes de que el mandatario pudiera abrir la puerta, se le fueron encima. Le han puesto un putiza al tamaño de su ex investidura. No dejaron hueso sobre hueso. Me uní a ellos, no podía perder la oportunidad.
Creo que sólo así pudo llegar un tipo de justicia histórica a manos de los ciudadanos.
- Bueno, ¿ya vas a dejar de soñar con políticos? Tú no entiendes-, dijo la adormilada Carmen.
- Está bien, que descanses. Vamos a dormir.
Dormí bien, no lo niego. ¿Vale la pena soñar con voltear ver a los verdaderos causantes? Sólo es una pregunta. Sólo fue un sueño.
Buenas noches.